Llamamos propina a una cierta cantidad de dinero que se entrega a un trabajador luego de recibido un servicio.
Estos apuntes serán una necesaria generalización y solamente pretenden dar una idea de lo que ha sido mi experiencia.
Me ha sucedido en otros países comprobar que la propina es casi una imposición o que directamente viene incluída en la factura.
En cambio, en otros países nadie la espera, aunque la agradecen (caso de Australia y Nueva Zelanda).
En Argentina se trata de un hecho esperado pero totalmente voluntario. Jamás es reclamada por nadie que preste un servicio, a pesar de que su salario de hecho esté en buena parte formado por propinas. Nunca se escuchará ninguna insinuación al respecto y es rarísimo que en alguna factura se recuerde que la propina no está incluída. Tampoco suele incluírse un renglón en blanco para la propina, ya que es costumbre dejarla en dinero en efectivo sobre la mesa o dentro de la carpeta que contiene la adición o factura.
El trato de quien sirve en Argentina es cordial, educado e igualitario. No se hallan rasgos de servilismo ni que denoten inferioridad de condición social, porque no lo siente ni el que sirve ni el servido.
Este aspecto se puede advertir desde el que lustra zapatos, pasando por el taxista, empleado de hotel, mozo de restaurante, lavador de automóviles, empleado de comercio, ascensorista. Nadie se siente menos que otro en Argentina, o al menos si lo siente, no lo demuestra.
Esta dignidad probablemente sea la causa principal de que el tema de la propina sea de conversación prohibida.
No se habla de ella, pero existe.
El caso mas común es el de los mozos de restaurante, a los que se acostumbra dejar un 10% del total de la factura, con leves modificaciones de un 5% mas o menos en condiciones de servicio sobresaliente o deficiente. Aún en el caso de un servicio pobre se acostumbra igualmente dejar propina.
Los taxistas no esperan propina. Sin embargo es costumbre redondear el precio e inclusive dejar también un 10%.
Los lustradores de zapatos pueden ser compensados con un 10% o 20% por su servicio.
A los encargados de edificio (porteros) se les suele dejar una propina mensual de entre el 5% y 10% del valor de las expensas comunes mensuales.
Los changarines (personal de mudanzas por ejemplo) pueden ser compensados con una proporción del total del servicio, también de un 5% o 10%.
A los peluqueros suele dejárseles en esas mismas proporciones del 5% al 10%.
Actualmente tienen prohibido recibir propinas muchos acomodadores de cine y teatro. Para los que pueden recibirlas la costumbre es un billete chico (equivalente a un dólar aproximadamente por cada dos personas), lo mismo que para el personal de hotel que nos lleva a la habitación y ayuda con las maletas.
Para los empleados de garages y estacionamientos se puede dejar un billete chico. Suelen haber frascos o recipientes a la vista con un cartel que dice simplemente "Gracias" o "Personal", en el que se pone la contribución y se evitan palabras.
En los lavaderos de autos sucede algo semejante y la propina también puede estar bien en un 10% del costo del lavado. Se deposita en un recipiente y luego los empleados lo dividen.
En las gomerías de automóviles existe una tarifa para las reparaciones, pero algunos servicios, como el control de presión o el uso del inflador quedan librados a la "voluntad" del usuario. Es razonable en estos casos el equivalente a un dólar o poco menos.
Un criterio similar puede utilizarse para la limpieza de parabrisas o control de agua y aceite en las estaciones de servicio.
Para los repartidores de comida a domicilio ("Delivery") se suele dejar un 5%.
A los mensajeros en moto o bicicleta ("Motoqueros") un billete chico, equivalente a uno o dos dólares estará bien.
Igual proporción puede dárseles a los que entregan mercadería grande a domicilio (heladeras, televisores, lavarropas, muebles, etc.), siempre que ese trabajo lo haga un empleado y no el propio fabricante.
En el caso de enfermeros se acostumbra dejar una propina general al retirarse de la internación, o tener el cuidado de dejar propina a cada uno de los que cubren los diferentes turnos.
No es costumbre dar propina a conductores o empleados de transportes de larga distancia, propietarios de vehículos, propietarios de lugares de comida que atienden personalmente, empleados públicos, policías, médicos, empleados de servicios fúnebres.
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